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July 14, 2016

Comienzo aquí, sin tener muy claro aún, este proyecto personal.

Se trata de un trabajo semanal que incluirá un registro de actividades autoimpuestas.

Bienvenidos!

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Trópico

May 24, 2009

Cuando supe por primera de vez de un libro llamado “Trópico de Capricornio” fue durante una época en la que consumía libros inagotablemente. Era una época en la que soñaba con escribir libros fundamentales, novelas que hicieran al hombre común dar un salto de sus desvencijadas sillas y cambiar el sentido de sus fútiles existencias. Que experimentaran lo mismo que me pasaba a mi con un “Siddhartha” o con “El mundo según Garp”.

Miller fue entonces quien me abofeteó con la sinceridad de su grotesca prosa y que pulverizó mis pretensiones. Aquel tipo hizo de su vida una inagotable novela y esto le dio a su misma obra una vitalidad tan extraordinaria como pocas otras han habido.

Antes de cumplir los 15 años ya quería vestir con gabardina y calzarme un sombrero de ala ancha para lucir una sonrisa burlona mientras fumaba un cigarrillo. Renacían esas ansias por viajar que mi padre había puesto en mi desde pequeño, pero esta vez en lugar de ir a colonizar Australia o algún sector olvidado de Canadá, mis divagaciones iban hacia Villa Borguese, los barrios sucios de Paris, los cines eróticos llenos de obreros y los burdeles en los que me embriagaría metiéndole mano a alguna vulgar mujerzuela.

La tristeza de Miller se me hacía una romántica forma de ver las cosas y comencé a buscar más de sus escritos. Por vivir en provincia y no tener mayor acceso a bibliotecas que la de mi colegio (religioso y censor) sólo encontré sus Trópicos. Ya no provocaban el escozor en la sociedad y erróneamente eran considerados inofensivos. ¡Qué error! Libros como estos son los mayores revolucionarios, los que provocan cambios en los hombres y mueven las bases del alma de quienes son capaces de apreciar cada linea impresa que esas ediciones de bolsillo amarillentas y gastadas nos ofrecen.

Gracias a estos libros es que el lector anhelante de más, incipiente adicto a estímulos verbales, salta de Miller a Rimbaud, a Verlaine, Cendrars y Lawrence. Es por estas ediciones de vitalidad y fuego que necesitamos llenar el vacío de nuestras adolescentes vidas con experiencias extraordinarias vividas por los personajes extraordinarios de escritores tan lejanos en distancia y tiempo.

Siempre que vuelvo a tomar un libro de Miller entre mis manos me pasa lo mismo:

nacen mis ganas de escribir, de leer y de vivir al mismo tiempo.